Me levanté ayer con la noticia de que el paro ha aumentado en casi 100.000 personas sólo en el pasado mes de octubre; es decir, que el número de desempleados se sitúa, según las estimaciones del Gobierno, en cerca de los cuatro millones de personas según datos del propio Ministerio de Trabajo. Pero los sindicatos seguirán durmiendo el sueño de la subvención y no harán absolutamente nada. De nuevo, como siempre que gobierna el PSOE.

Es la tercera vez que, consecutivamente; se produce un ascenso en el número de parados. Y las perspectivas son de que, previsiblemente, no se va a producir ninguna mejoría en este sobrecogedor escenario. En el último año, hay un millón más de parados, número que nos sitúa, respecto de los otros miembros de la UE, con gran ventaja sobre ellos en esta clasificación negativa. Incluso ayer mismo, Bruselas reiteró también su previsión de que la crisis en España será más prolongada que en otros países comunitarios; pero la incapacidad y la radicalidad del gobierno de Zapatero, insiste en ignorar las recetas que la propia Comisión Europea recomienda: considerar como primordial la innovación y la inversión empresariales, impulsar la formación de los trabajadores y mejorar el mercado laboral español; lleno de desequilibrios y con mecanismos de negociación inservibles. En resumen, Bruselas hace una crítica demoledora a la legislación española en materia de empleo. Pero la total inoperancia de unos sindicatos amaestrados por el PSOE, y la propia incapacidad del Partido Socialista, impiden cualquier discusión productiva sobre la flexibilización de un mercado de trabajo que, dadas las actuales circunstancias, sólo es una fábrica de parados.
Analizando estos datos, cabría pensar que cualquier partido en la oposición de un Gobierno semejante, estaría ganando réditos electorales día a día. En cambio, este escenario no se produce en España. El Partido Popular anda enredado en dos casos (la actuación ante el caso Gürtel y los ataques de Cobo-Gallardón contra Esperanza Aguirre y su equipo) que sólo evidencian una falta de autoridad o de liderazgo abrumadora en unos momentos tan determinantes para la evolución de la situación política. Estos enfrentamientos no los entiende nadie, y menos en un momento en que el PP tiene ante sí la responsabilidad ineludible de ganar, si o si, las próximas elecciones. Pero, desgraciadamente, no veo al partido con pulso para ponerse en acción de forma inmediata. Porque el PP tiene que afrontar el futuro desde la renovación y la seriedad; y con el firme propósito de conseguir despertar a una sociedad cansada de deslealtades y desconciertos para ilusionarla con un nuevo horizonte político que, finalmente, elimine al peor gobierno que hemos padecido en toda la democracia.
Lo más desesperanzador es que, en las actuales circunstancias, no veo a Rajoy capaz de manejar esta situación. Dijo ante el Comité Ejecutivo Nacional de su partido que “no habrá próxima vez”. Pero es posible que, como no recupere pronto una capacidad creíble de actuación y de autoridad ante los suyos; los socialistas sí que tengan “una próxima vez”, para desgracia de todos.






