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Archive for the ‘Bulgaria’ Category

Veinte días

¿Qué son veinte días sino un abrir y cerrar de ojos? Veinte días, no más, me ha dado la vida contigo. Veinte días.

Al tiempo que yo dejaba Granada para volar hacia Sofia (Bulgaria), un joven cualquiera, encontró más de un centenar de formas de decir ‘Te quiero’ en todos los idiomas. Ni corto ni perezoso, compró brocha y pintura blanca y una madrugada de finales de agosto, se dejó el corazón en el frío empedrado de Granada. Fueron cien “te quieros” escritos en distintos idiomas sobre los adoquines de la Calle Concepción como regalo de aniversario de un enamorado a su amada. Una calle llena de expresiones de amor.

Así, cuando abandoné mi querida Granada, los adoquines gritaban “te quiero”. Como un auspicio de lo que iba a pasar en mi viaje a Bulgaria. Lo cierto es que te conocí, y en apenas veinte días, me enamoré de ti. De esos amores desnudos y sinceros que sólo se ven en las películas. De esos amores que empiezan destinados a durar un suspiro. Veinte días, para catapultarnos a diferentes países, diferentes vidas. Veinte días, para nunca más volver a encontrarnos.

Ayer volví a Granada. Los “te quiero” en el suelo de las calles no han sido eternos. Cuando dejé de verte, también se acabó el amor en Granada. Fue tras la colaboración de dos operarios de la empresa municipal de limpieza, una hidrolimpiadora y una buena cantidad de disolvente.

Supongo que ahora toca hacer lo propio con el corazón. Los veinte días de quererte han pasado. Y la Calle del Te Quiero ya es de nuevo la Calle Concepción.

Fuentes:

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Bulgaria is different

Realmente, no sé quién se escondía detrás de la campaña “Spain is different”, pero es obvio que nunca había pisado Bulgaria. El caso es que cuando uno escucha que este país forma parte de la Unión Europea, tiende a pensar que puede tratarse de un sitio parecido a lo que es Europa. Pero no es así.

Como sabéis (sólo lo escribo a modo de nota informativa y por si alguien no lo recuerda) soy una estudiante de medicina y he venido a pasar un mes investigando en el Departamento de Genética de la Universidad de Sofia.

El primer mito sobre Bulgaria: todo el mundo habla inglés. Es una de las cosas que le cuentan a una antes de que pise un país completamente desconocido. El otro día me perdí en el autobús de Sofia. Buscaba el barrio de residencias de estudiantes y me pasé de mi parada llegando al final de la línea. Como es natural, en vista de aquello decidí preguntarle a mi conductor por Studensky Grad 25, que es mi residencia. Después de poner un rostro claramente pensativo llamó a otro conductor de autobús.

– Bla, bla, bla “twenty five” bla, bla, bla (entiéndase bla, bla, bla como palabrería búlgara incomprensible).

El otro conductor pone evidente cara de póker y llaman a un tercero.

– Bla, bla, bla “twenty five” bla, bla, bla.

Yo empiezo a emocionarme pensando que lo mismo venticinco en búlgaro es igualmente “twenty five”. Vamos, que estoy empezando a aprender búlgaro a pasos agigantados. El caso es que empecé a dudar de mi conocimiento del búlgaro cuando los conductores llaman a un tercer y a un cuarto participante.

– Bla, bla, bla “twenty five” bla, bla, bla.

Un acalorado debate en búlgaro. Yo empiezo a sentir vergüenza. Me miran y siguen gritando. Finalmente (calculo una media hora desde el inicio de la historia) uno de los conductores me acerca un folio y me hace un evidente gesto para que le escriba el número del apartamento en Studensky Grad. ¡¡¡La media hora de “twenty five” era que los búlgaros se preguntaban entre sí qué narices era ese número!!!

Escribí el dichoso número en el folio, maravillada por el evidente dominio de los búlgaros de la lengua de Shakespeare, solo para obtener por respuesta que nadie tenía la más remota idea de dónde estaba ese edificio.

El segundo mito sobre Bulgaria: salir de fiesta aquí es algo parecido a salir de fiesta en España. Uno se pasea por las calles de Sofia. Y le dan un vale por una sangría gratuita. Entonces, tú, dichosa de la vida, entras en la disco a sacarle provecho, y te dicen:

– No, pero es que eso te lo damos si previamente consumes algo. (Vamos, que con entrar por la puerta con el vale, no es suficiente, ¿qué te pensabas, que estabas en España, donde “gratis” sí es “gratis”?)

En ese momento es cuando uno de nosotros pide un Gin-Tonic. Bueno, para poder pedir su sangría gratis. El caso es que la copa la preparan con una perfección milimetrada. ¿No son 30 ml de ginebra? Pues ahí que te lo mide el búlgaro. Nada de echarlo a ojillo, como en España. Vamos, que ni las muestras en el hospital las he visto yo medidas con esa exactitud.

Ya puestos, tercer mito sobre Bulgaria: hay sangría en Bulgaria. En serio, cualquier parecido de la sangría búlgara con la realidad, es mera coincidencia. Después de pedir el Gin-Tonic, para poder acceder a la sangría “gratuita”, solo puedo decir, WTF!!!??? ¿Quieres que me trague que este agua sucia es sangría?

Cuarto mito sobre Bulgaria: es un país barato. Esto es lo que más me ha gustado de Bulgaria. Resulta que vas paseando por las hermosas calles del centro. Tan reformadas, europeas y cosmopolitas. Y observas a tu alrededor. “Acceso a internet gratuito”. “Cómo mola” piensas. Sí, en cada esquina te puedes conectar, todos los bares tienen internet, sí.

¿Pero qué pasa si deseas ir al baño? Pues en la puerta del baño, un búlgaro (o búlgara, que es lo que hay en la mayoría de ocasiones) te pide el pago religioso de 50 céntimos de leva búlgara. y con esto quiero decir: ¡en cada baño de Bulgaria!

Os remito a la discoteca de los mitos dos y tres: en la puerta del baño había… ¡una búlgara pidiendo 50 céntimos por entrar! Vamos, que en Bulgaria se cubren las necesidades básicas de la población como es acceder a internet. Lo de orinar, pues ya es un lujo.

En fin, que si algún día tenéis hijos, no se os ocurra venir de vacaciones a Bulgaria. Como tengáis que pagar 50 céntimos cada vez que haya que llevarlos al baño, me da a mi que no ganáis para la experiencia.

No puedo esperar a descubrir las sorpresas que este país me reserva para el resto de mi estancia. No dudéis de que os tendré al corriente. Entre tanto me despido:

¡¡¡Y que viva España y olé!!!

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