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Archive for 13 enero 2014

El síndrome del eterno viajero

Me veo obligada a compartir este precioso vídeo que retrata, en parte, mi filosofía de vida (o mi enfermedad). No os pasarán desapercibidas las impresionantes imágenes de la vida diaria en Vietnam y Camboya, que tuve la inmensa fortuna de conocer allá por 2009.

“que lo único importante sea pensar en qué hacer en cada momento […] que cada día no sea un día cualquiera.”

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Ayer hizo 27 años que me casé, y un año que nos abandonó el padre franciscano José Antonio Matías Villahoz.

Pensé escribir una entrada; y, de hecho, lo hice. Pero era demasiado triste, un tanto desesperanzada. Y la eliminé. Pensé que él no hubiera querido que su recuerdo me hiciera estar triste, y mucho menos transmitir tristeza a los que le conocían y querían; puesto que él transmitía siempre alegría y sosiego. Así que dejé pasar el día. Y hoy es otro día, un día en el que acabo de volver de San Francisco, de su iglesia. Y cuánto han cambiado las cosas de ayer a hoy.

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Han cambiado porque ayer fui al baloncesto y disfruté viendo ganar a mi equipo, vi el igualado (y aburrido) partido entre el Atlético de Madrid y el Barcelona, salí a cenar y disfruté de una estupenda noche en familia. Y esta mañana he ido a San Francisco a Misa de 12. Y al estar allí, en recogimiento, y oyendo la homilía de Fran sobre el significado del bautismo de Jesús -magnífica como siempre-, he comprendido que ayer y hoy son días estupendos y maravillosos.

Son días estupendos y maravillosos porque ayer hizo un año y hoy hace un año y un día que el padre Matías nos dejó para encontrarse finalmente con Aquél que dio sentido a toda su vida. Y doy gracias a Dios todos los días por haberme dejado conocerle y por haber tenido el privilegio de oírle unos cuantos años de mi vida. Y por tener la suerte de que me aguantara. He recordado en la iglesia cuanto le gustaba el fútbol, y fumar, y reír y me ha parecido oírle diciendo “Ay, Manuel, ay Manuel… que tonta es esta mujer” con su acento entre castellano viejo y andaluz profundo, tan entrañable. Y he recordado al padre Onofre, su comprensión y cariño en aquéllos días. Y lo egoísta y desagradecida que he sido al estar triste.

Es que tengo que dar gracias no sólo por haberle conocido, sino porque, una vez que marchó, me ha dejado a maravillosas personas con las que comparto una cercanía y un afecto que no podía imaginar. Sus hermanas, con las que hablo menos de lo que quisiera, pero siempre tan dispuestas y tan cariñosas. Y que decir de su gente (y ahora mía), de Chipiona: Rebeca, una estupenda mujer y madre, ejemplo de fortaleza y vitalidad (y aunque igual no deba decirlo, guapísima); Mari Carmen, maravillosa, siempre con la palabra adecuada, de esas personas que tienen un sexto sentido para saber cuando algo no está bien por más que intentes desviar la cuestión. Y Loli, gran ejemplo de alegría, que vive dando su vida a los demás, aunque ya no está en Chipiona y tiene que volver a Granada para mejorar ese café que compartimos.

Por eso, hoy que hace un año y un día que marchó junto al Padre, sólo puedo dar gracias por tantas y tantas cosas como Dios me ha dado. Y tantas como me dio Matías en su vida y tantas como me ha dejado después. Soy una mujer muy afortunada. ¡Gracias, Matías!

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Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada,
desde la puerta de Elvira
hasta la de Vivarambla
-¡Ay de mi Alhama!
Cartas le fueron venidas
que Alhama era ganada.
Las cartas echó en el fuego,
y al mensajero matara.

Acababa de empezar la Guerra de Granada, que acabaría diez años después, un 2 de enero de 1492. Nada bueno se escribió de Boabdil “el chico”, “el desdichado”. Dicen que el rey moro besó unas grandes llaves que tenía en la mano y dijo a Fernando:

Toma, señor, las llaves de Granada; que yo y los que estamos dentro somos tuyos.

Mucho te quiere Dios; estas son las llaves del paraíso.

Cuentan que, camino de las Alpujarras, donde empezaría su exilio, lloraba amargamente. Al mismo tiempo, en la Puerta de la Justicia de la Alhambra, en un pequeño y modesto altarcillo, se rezaba la primera misa cristiana en Granada.

Sin embargo, por haberse tratado de una conquista no sangrienta, los musulmanes del Reino de Granada siguieron practicando su religión, y fueron conocidos como “mudéjares”.

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Se acababa de constituir España, y Granada entraba de un salto en el Renacimiento.
Aquí vinieron a enterrarse los Reyes Católicos, Juana “la loca”, Felipe “el hermoso”, su hijo el infante Don Juan o Gonzalo Fernández de Córdoba “el Gran Capitán”. En la antigua madraza islámica se funda la Universidad. Se construye San Jerónimo, San Juan de Dios o el Monasterio de la Cartuja. Todos ellos obras de arte que, de estar en otra ciudad, habrían valido para hacerla famosa por sí solos.

Pudo haber sido en otro sitio, pero fue en Granada, ese mismo 1492 donde Cristobal Colón firmó el contrato con los Reyes Católicos, que lo llevaría al Nuevo Mundo.

No podemos olvidar la grandeza de Granada. Somos lo que somos por todos estos acontecimientos que han venido a ocurrir aquí. Por nuestra sangre corre la historia de Ibn al-Jatib, Muhammad V, Yusuf I, Samuel Ibn Nagrela, Ayala, Angel Barrios, Eugenia de Montijo, Lorca, Abén Humeya, el Gran Capitán, Don Diego Hurtado de Mendoza, Pedro Antonio de Alarcón, Mariana Pineda, Álvaro de Bazán o el gran Alonso Cano.

Todos motivos suficientes para cada 2 de enero, como desde hace 522 años, gritar un sonoro “¿Qué?” cuando nos digan “¡GRANADA!”. Es importante que no olvidemos nuestras fiestas para no olvidar nuestra historia. Feliz día de la Toma de Granada.

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