Por fin hemos acabado esa fatídica época de exámenes. Esa que, prácticamente, nos roba un par de meses de nuestras vidas. Ahora somos libres… ¿o no?
Esta mañana y sin despertador, me he levantado a las 7 de la mañana. Creo que mi cerebro intentaba decirme algo. Supongo que lo mejor que podía hacer era vestirme e ir a la biblioteca a devolver un par de libros. Así que, sin exámenes, y sin obligaciones, voy y me dirijo a la biblioteca. Creo que mi cerebro seguía intentando decirme algo.

Y es que no se puede negar. Es un cambio muy brusco para un cerebro común y corriente el pasar de exámenes a “vida normal”. Porque en exámenes tu concepción del mundo varía totalmente. El otro día, sin ir más lejos, fuimos al Mercadona frente a la facultad para comprar algo de Burn (bueno, más bien una marca genérica del producto que podamos pagar con el poder adquisitivo estudiantil). Y en el momento de llegar a la caja, vemos la cola. Comentario:
- Yo creo que esta cola es, como mínimo, de setenta carillas de patología.
Así, sin anestesia y sin nada. ¡El tiempo pasa a medirse en carillas de folios de apuntes! Superada la cola, que posiblemente nos tomó más de noventa carillas, regresamos a la biblioteca. Lo cierto es que, siendo como era después de comer, lo normal era que nos apeteciese una siesta. Uno de esos hábitos que no practicas en todo el curso y que nunca has echado de menos… hasta que han empezado los exámenes. Sin embargo, haces de tripas corazón, y regresas a tu sitio en la biblioteca.
Porque has tenido que despertarte a las 7 de la mañana para poder dejar tus apuntes en la mesa. Reclamando, cual Edmund Hillary al subir por primera vez al Everest: “Cuidadito, que yo llegué primero”. No he hecho los cálculos exactos, pero la proporción estudiantes de la Universidad de Granada frente a sitios en la biblioteca, debe rondar el 1000:1 aprox.
Total, que estoicamente sentada, recién comida, a las tres de la tarde y sin siesta, decides abrir tu Burn (genérico). Sin embargo, cuando rondas el último examen, tu organismo ha generado tal tolerancia a la cafeína + taurina, que cuando te acabas los tristes 20 cl de lata, descubres que estás exactamente igual: añorando una siesta. Y es que, hay que rendirse a la evidencia: después de dos meses, tu cerebro ve el Burn y se ríe. Algo completamente opuesto ocurre con el alcohol. Has perdido toda resistencia. Después de dos meses sin probar la cerveza, la más inocente caña te hace tambalearte por las esquinas, como si hubieses ido a la fiesta más salvaje de la ciudad.
Así que, ya veis. Ahora que hemos acabado la época de exámenes nos queda uno de los retos más complejos: volver a tener una “vida normal”.
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Jajajaja… Ya se echaba de menos una entradita, pero claro, supongo que es un paso más en eso de volver a “una vida normal”. Como sea, esperemos que ese tiempo haya dado sus frutos, que seguro que sí. Y ahora, nada, poco a poco, a retomar los procesos normales.
Besillos y ánimo con el regreso a una vida normal
Algo anda mal en el sistema educativo si los universitarios tienen que deicar dos meses a estudiar.
Lo cierto es que si el país va fatal no veo por qué la Universidad iba a ir bien.
Vosotros los iniversitarios tendreis que arreglarlo. Convendrás conmigo que empollar una asignatura para un examen no es la mejor manera de aprendizaje.
Supongo que cuando se arregle el país, se arreglará la universidad.