La verdad, hay días que podemos llegar a creer que Murphy, mas que el perro de un antiguo vecino…
era un visionario.
La copa y el rayo es el resumen de una historia que empieza con una copa que se desliza
fragmentándose, esparciendo pequeños cristales por toda la encimera y acaba con un rayo que hace temblar las paredes.
Todo comienza este martes, después de hacer algunos cambios invite a Sergio y Patitofeo a cenar a casa.
La verdad es que en todo este tiempo no le había sacado partido a mi salón.
Pero tenia, y tengo, intención de cambiarlo.
Así que el martes por la tarde me dispuse a dar el toque final.
Como había quedado con una chica a las 6; y había vuelto a casa a las 2,
dejé pasar un poco el tiempo y me puse sobre las 4 a poner todo a tono.
Hice lo típico. Cogi un paño de cocina, un repaso aquí y otro allá. Y fue entonces cuando,
un mal golpe de mano derribó certeramente “la copa”.
Derribó la copa (hay que aclarar que cada año tengo la costumbre y tradición de comprar una copa para año nuevo y navidad que es una mezcla amuleto y objeto votivo emblemático de ese año).
Desde ese momento, las pequeñas catastrofes no pararon de sucederse.
Después de recoger los cristales decidí que era hora de afeitarme, lastima que la maquina estuviera descargada (cosa que nunca me pasa) así que tuve que dejar que cogiera un mínimo de batería para que funcionara.
Así que me puse a fregar un poco volcando en el camino el limpiador, la lejía y un bote de crema.
Por suerte, conseguí acabar poco después de las 5 y tuve tiempo de ir a comprar.
Bajé a por carne y setas y recordé la voz de Sergio protestando porque castañas y cena seria mucho
así que compre una cena ligera, una pequeña tapa de setas y carne, mosto y un kiilo de castañas;
llegué y me fui, pues había quedado.
La verdad es que el café con mi amiga fue muy agradable, tanto que cuando mire el reloj eran las 9 menos 10 y había quedado a las y media. Rápidamente corrí a casa.
Compré un par de cosas de menaje en la tienda de enfrente y me puse manos a la obra.
Pero justo cuando llegaron Sergio y Patitofeo.
Como habíamos acordado acabar pronto, Sergio se puso a hacer las castañas mientras yo hacia la carne con setas en la plancha.
(Mientras todo esto ocurría Patitofeo como ingeniera que es intentó arreglar una maquina de hacer ejercicio que tengo en casa, pero no lo logró por no disponer de las herramientas adecuadas).
Mientras las castañas se hacían poco a poco terminé (era sencillo),
de hacer la cena pero he ahí el dilema: sin pan y con unos cálculos a la baja,
resultó exigua.
Aunque el mosto estaba en su punto.
En este punto Sergio ya había hecho comentarios suficientes como para empapelar uno de los trópicos dos veces.
Pero no me importaba, yo esperaba que las castañas…
Compensaran…
Y lo hicieron, porque comer, no comimos; pero reír nos reímos… una barbaridad.
De todas las castañas sólo una no estaba ni verde ni con gusanos ni… radiactiva
(a todo esto, como quedaban castañas pero no tiempo, decidí probar a experimentar y hacer ese resto en la plancha).
El experimento fueeeeeeeeeeeee…
un desastre.
Yo a estas alturas insistía en pedir una pizzzaaaaaaaaaa pero entre que el tiempo apremiaba, y una negativa rotunda; finalmente, después de reírnos un rato y dejar por imposible comer nada decente en mi casa,
salimos con el doble objetivo de dejar a Patitofeo en su casa y tomar un gofre.
Aunque hablé de Kebab, bocatas, pizzas. Nadaaaaaaa.
Al final solo fuimos por el gofre; insatisfechos, famélicos…
Llegamos al fin a una dulcería y nos tomamos el postre.
Justo cuando salimos de la dulcería encaminados a dejar a Patitofeo en su portal
Comenzó chispearrrrrrrr, a lloverrrrr
Y aun recuerdo cuando Patitofeo me dijo.
Que para tener que volver con esta lluvia, mejor que volviera ya, que si no, me iba a mojar mucho.
Y jajajaja yo dije:
No, esto ahora escampa; no pasa nada.
Fue dejar a Patitofeo en su portal y despedirnos de ella.
Y…
El diluvio universal
cayó…lo indecible.
Y nos pilló con un chubasquero y un paraguas andrajoso.
Pero fue divertido.
Aunque pareciera que de un momento alguien fuera a gritar: capitán, hombre al agua; hay que abandonar la nave.
Finalmente dos ríos y tres cascadas después llegué a casa,
empapado con agua en partes de mi cuerpo que no sabia que existían.
Pero compensó cuando abrí el grifo del agua caliente y me quede nuevo.
Me sequé y me senté delante del ordenador dispuesto a mirar el correo y perfilar lo que iba a escribir y…
¿Plon?
el ordenador funciona, pero en la pantalla el piloto esta negro. Hice lo indecible y…¡sí!
la pantalla se había fundido
Con miedo a que se deshiciera, se resquebrajara o se abriera una puerta a otra dimensión.
Me encaminé a la cama, me estiré, me acomodé y pensé: bueno, mañana será… hummmmmm
me relajé, casi me adormecí.
Y entonces paso
¡broummm!
Cayó el rayo que hizo temblar y retumbar toda la estructura, cortándome el sueño.
Superado y contrariado me dormí por agotamiento poco después.
A modo de epílogo diré que no hay mal que por bien no venga.
Pues ahora tengo una excusa para ir en busca de una nueva copa.
Hace unos minutos estrené mi estupenda pantalla con sus 20 pulgadas.
Y estoy preparando al detalle el evento del miércoles, que seguro dejara satisfechos a Sergio y Patitofeo.
Amén!!!
El otro día recibí un PPS en el que se invitaba al optimismo, y la verdad es que después de verlo te entraban las ganas de ser así.
Lo cierto es que la historia ha estado muy entretenida.
Saludos
Ha sido reamente divertido leer la versión de patito y luego la tuya.
Mucha suerte el miercoles
Completamente de acuerdo, Eos