Como la mayoría de los que nos leéis sabréis, últimamente hemos tenido que pasearnos por terreno hospitalario más de lo que nos habría gustado. Pero lo cierto es que, a pesar de lo sumamente estresante de la experiencia, he aprendido un montón de medicina. Por fin he empezado a darme cuenta de la utilidad de perderse entre cientos de hojas de apuntes de anatomía.
Creo que, como estudiante de medicina, he sido la pesadilla de toda enfermera. Robaba el historial de mi abuela para empollármelo de principio a fin, me colaba en reanimación a destiempo, monitorizaba sus constantes… Vamos, que creo que, en medio de la adversidad, hay que saber buscar el lado bueno de las cosas. Y para mí, ese lado bueno ha sido que he aprendido más medicina en unos días, que en un año de libros y apuntes.
Pero, sin duda, mi intervención estrella tuvo lugar durante este puente. Había que quitarle a mi abuela los puntos de la herida de la operación. Y mi tío (su traumatólogo y hermano), me dijo las siguientes palabras: “ven conmigo, que le vas a quitar los puntos a tu abuela”. Yo, que en ese momento hablaba por teléfono, no me lo creía, más bien pensaba que se trataba de una broma.

Cuando llegué a la habitación todo estaba preparado. Mi querida paciente tumbada enseñándome la pierna. La máquina para quitar las grapas, el algodón, el Betadine… y yo, perdida en la inmensidad del instrumental médico. Mi tío extrajo la primera grapa, ante mi atenta mirada y puso el aparato en mis manos. Miré la pierna de mi abuela. Tan diferente a las piernas que estoy acostumbrada a ver… lejos de la áspera y rugosa piel empapada de formol. Podía sentir el calor de la herida, veía el surco de la incisión…
No me lo pensé mucho, y empecé a sacar grapas, rápidamente, como si fuera algo que había hecho toda mi vida. Recordé a mi profesor de biofísica, Peinado, cuando nos recomendaba charlar con el paciente, para que no se concentrase en su dolor. Empecé a hablar del tiempo (original que es una). Antes de darme cuanta, había acabado de quitar las grapas de toda la pierna. Revisé mi obra, todas fuera.
En ese momento, y en medio de mi euforia, miré los ojos de mi abuela. Ella, que había tenido el valor de ponerse en mis manos. Quien, probablemente, mentía cada vez que yo le preguntaba si le había hecho daño. Me miraba fijamente a los ojos. Y en ellos solo pude leer la palabra “médico”. Esa sensación, esa sola comunicación sin palabras, dio sentido a mi último año y, probablemente, al resto de mi vida.
Fue en ese preciso instante, en el que supe, que eso era lo que quería hacer. Que estudiar diez años si hace falta, merece la pena. Solo para tener la piel de un paciente en tus manos y sentir como alguien es capaz de otorgarte la mayor de las confianzas posibles: el poder para decidir sobre su salud.
Y mientras todas esas ideas atravesaban mi mente, limpié mis primeros puntos de sutura. Imagino que cuando, mis amigos enfermeros lean este post, o cualquiera de mis amigos en prácticas clínicas, pensarán: “vaya chorrada, unos puntos”. Sin embargo, nunca, en mi vida, volveré a verme frente a una sutura tan reveladora. Una operación, capaz de decirme: “por fin, por fin he descubierto qué es lo que quiero hacer con mi vida”.
Lo siento, me he quedado a media entrada (es que voy a cenar y ya me estaba mareando…). Hace muchos años, en el colegio, tuve un accidente y tuvieron que darme puntos de sutura en un lado de la frente. Cuando me cosieron no me dolió, pero cuando me los sacaron me dolió como si me arrancasen la piel. Fue horroroso.
me alegro de que hayas encontrado lo que te gusta, y mucho ánimo con lo que te queda que no es poco.
saludos de nuevo!
Yo quiero que tú seas mi médico de cabecera.
Enhorabuena,hace falta muchos profesionales con vocación.
Un beso!
Sin duda una gran labor la que has realizado con tu abuela, gente como tu es la que hace grande a la familia.
Saludos
Yo, cariño, soy inmensamente feliz porque sé que esa era tu vocación mucho antes siquiera de que tú te dieras cuenta.
Y eso lo sabes, y sabes que te apoyaré siempre. Pero eso que dices de lo de los diez años, mejor lo dejamos en menos ¿no? como hipérbole para hacernos saber lo mucho que te importa vale; pero yo prefiero, siempre que sea posible, terminar cada año como éste
Ps.- Tu abuela esta muy orgullosa de ti, y se pondría con total confianza en tus manos
Enhorabuena Patito
me alegro que descubrieras tu verdadera vocación.
Schwan si a los años de carrera sumas los de MIR parece que las cuentas de 10 años de patito salen (Si ya se que el MIR es diferente y se cobra pero son años de estudio
)