Antes de todo, manifestar mi más sentido pésame a la familia y amigos del cabo del Ejército de Tierra, Cristo Ancor Cabello Santana, muerto ayer en Afganistan. RIP.

Pero, es que esta muerte causa un dolor añadido, porque, tanto el cabo fallecido como los otros cinco soldados que resultaron heridos, viajaban en un blindado BMR cuando sufrieron la explosión de una mina anticarro. Y es doloroso pensar que si los militares hubieran hecho el mismo recorrido una vez terminado el año, hoy nadie tendría que estar llorando su muerte; porque esos viejos y obsoletos blindados en que alegremente manda Zapatero a nuestros soldados a Afganistán, iban a ser sustituidos por modernos blindados RG-31 antiminas.
Decir que los militares, por la naturaleza de su trabajo, exponen sus vidas, es una obviedad. Pero decir eso y no dotar de los mejores medios posibles a los militares que destacamos en una guerra carece de sentido. Y está claro que los nuevos blindados antiminas no van a ser tampoco la solución definitiva, porque estoy convencida de que alguien ya está vendiendo a la guerrilla afgana unos lanzagranadas, los RPG-7, con munición capaz de penetrar los blindajes de los nuevos vehículos RG-31. Pero es que, para dotar de la mejor tecnología posible a nuestras tropas hay que reconocer otra obviedad: estamos participando en una guerra.
Por eso tenemos que exigir al gobierno de ZP que deje de engañar. Porque, por más que nos digan que nuestras tropas están allí en “misión humanitaria” o construyendo escuelas y hospitales, como creyó la pobre abuela del militar fallecido; es mentira. Seguro que se sintió toda orgullosa de su nieto cuando vio los anuncios del Ministerio de Defensa con motivo del Día de las Fuerzas Armadas, en el que otros chicos como su nieto pasean en helicóptero a Concha Velasco, Ferrán Adriá nos cuenta que hizo la “mili” en Marina , o Vicente del Bosque charla con chicos que están preparados para todo. Para todo, menos para ir a una guerra que, según nuestro gobierno, no existe. Por eso en los anuncios no aparece ni una bala, ni un taliban, ni nada que pueda hacer sentir la presencia de una guerra.
Y es que no hay más que una verdad: estamos en una guerra extraordinariamente difícil y cruenta. Esto lo tienen clarísimo los talibanes, aunque tanto ZP, como Chacón o Moratinos seguirán engañando y diciendo que dónde uno ve guerra, no hay una guerra, en realidad hay una “misión de paz”. Lo malo es que esa mentira nos ha costado ya 90 muertos. Los talibanes que pusieron la mina anticarro en el trayecto de nuestra columna militar querían matar: carece de importancia para ellos si los caídos son alemanes, españoles o estadounidenses.
Lo más terrible es que ha sido justamente este monumental engaño el que ha llevado a las tropas españolas y occidentales a la situación en la que se encuentran: perdiendo una guerra que se podría haber ganado. Y aún peor: sabemos como se puede y se debe ganar, pero carecemos, todos, de la voluntad de hacerlo. En el seno de la Casa Blanca, las posturas están enfrentadas: frente a Stanley McChrystal, partidario de que se envíen 40.000 soldados más, se sitúa el vicepresidente Biden, que rechaza más refuerzos. Hace algunos días tuve ocasión de leer el informe del general McChhrystal, y su demoledora conclusión. Y la verdad es que me parece hipócrita y de imbéciles la dejación que todos los gobiernos, encabezados por el de Obama, están haciendo de su responsabilidad para ganar esta guerra. Porque, tristemente, los únicos que manifiestan voluntad de ganar son nuestros enemigos: los talibanes.
Y hay que empezar a decir la verdad, porque, como bien ha comentado Alfonso Rojo en ABC, no se puede dotar a los afganos de una administración digna de ese nombre, sin una victoria militar. Total. No sirven las medias tintas. El Gobierno que se empeñe en presentar la presencia de sus tropas en Afganistán exclusivamente como una contribución a la reconstrucción del país, ofende a sus militares y los pone en peligro, además de engañar a sus ciudadanos.
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Anoche en 59 segundos Caldera aún tenía la desvergüenza de acusar de desleal al PP por pedir al gobierno que diga la verdad sobre la misión de Afganistán. Ya ves lo que le importan los muertos al PSOE.
Todo queda arreglado con entregar una medalla y poner cara de situación, pero en el fondo resuenan los ecos de las voces del soldado fallecido denunciando como le mintieron al contarle a la misión que iba.
Descanse en paz.
Unos “No a la Guerra” hacían falta ahora. ¿Dónde están?