Antes de nada, pedir perdón por mi prolongada ausencia; que tiene que ver con un feliz viaje a otro continente y con un cúmulo de circunstancias personales no tan felices. Pero, de nuevo, gracias a Ángel, me reengancho a la actividad bloguera.

La verdad es que he leído su artículo que saldrá publicado mañana miércoles en el diario “Granada Hoy”; y no puedo estar más de acuerdo con su apreciación. Sin más, os dejo con su reflexión.
Crisis, ¿what crisis?
Los más viejos del lugar recordarán el título de uno de los discos más famosos de Supertramp, que se preguntaba por la crisis, y en la portada salían unas manos agarradas a unos barrotes carcelarios. Ahora que se acercan las elecciones americanas, en medio de la hecatombe, me pregunto qué tipo de crisis tienen que resolver los Obamas y McCains. El viernes pasado, volviendo de una conferencia poética en la Universidad de Nueva York, ya a las afueras de la gran ciudad, entramos a cenar en un mexicano. Hago ademán de ir al baño. Me levanto, doy la vuelta a la esquina y me encuentro una mesa en la que una pareja está hablando por el móvil, cada uno con el suyo, con sendas personas lejanas al restaurante. En la mesa de al lado, otra pareja come con fruición mirando fijamente al plato sin hablar, mientras que su niña rubita de 2 años juega desaforadamente con una de las meseras, la cual se divierte mucho más lanzando al aire las tortillas y provocando la sonrisa de la ricitos que atendiendo las mesas.
Hasta ahí nada me perturba. Pero es que entro en el baño, y a mi lado, otro fulano, que está en lo mismo que yo, habla furiosamente por el móvil. También me llega el susurro de un fulano más que, dentro del lugar con cerrojo para hacer número 2, discute con alguien (me imagino que por el móvil). Ahí ya me empiezo a cabrear. Cuando salgo del baño, la mesera sigue jugando con la niña mientras los padres comen mirando al plato y sin decirse palabra, y los de la mesa de al lado continúan hablando, cada loco con su tema y su interlocutor.
Cuanto más fácil es comunicarse hoy en día, más hemos perdido la línea con los nuestros. En cada casa hay televisiones en cualquier habitación, ya no se habla en la mesa, sino que se ve la tele, ya no hay tertulias sino partidas solitarias en la Wii o la Play, o chismes y foros en Internet con personas a quienes no conocemos, y que nos imaginamos mucho mejor de lo que son. Nos interesan más las noticias frívolas del Hola o de los programas “tomate”, que las cosas que les pasan a los nuestros diariamente. Yo no sé cuál es la crisis que deben afrontar los candidatos a la presidencia del país más poderoso del mundo, si la de los dos dólares que te cuesta la botella de jugo de guayaba, o la de la falta de comunicación de hijos con padres y vice-versa, de arriba abajo y de este a oeste, que ejercita a los adolescentes para entrar a tiros en una clase, borrachos de soledad. Lo peor es que lo que allí pasa ahora, en España pasará dentro de 20 años. Atentos, hijos de Zapatero y de Rajoy.
Ángel Esteban.
Comentarios como éste, con el que por cierto estoy de acuerdo, me hacen sentir verdugo de una sociedad condenada…
Me alegra volver a leerte, Schwan, empezaba a estar preocupado por tanta ausencia.
Sobre el artículo de Ángel, es muy, muy triste a lo que nos lleva a veces lo del móvil. Yo lo uso poco (mis facturas de móvil son baratísimas) pero en ocasiones me he encontrado quedando con varios amigos y verme solo mientras todos hablan por el “mencontro”, como se le llama aquí. En fin…
La verdad primera vez que leo algo tuyo …es algo muy cierto ahora casi nadie dialoga nadie se sienta a conversar en una mesa con sus hijos cada quien vive su mundo …y sobre los moviles …es asi casi todos estamso atrapados por el bendito aparato …